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En la clase de hoy hemos visualizado una línea imaginaria que dividía nuestro cuerpo en dos mitades: la parte anterior y la parte posterior. Me interesaba llevar la atención hacia nuestra parte de atrás, la que novemos, a la que no prestamos atención (porque la cara, los ojos y casi todos los órganos de relación están situados delante) y que acabamos muchas veces "cargando" como un pesado fardo y cerrándonos hacia delante. Si cambiamos la visión que tenemos de nuestro cuerpo, nuestra anatomía interiorizada, podemos tal vez empezar a hacer mejor uso de él. Podemos por ejemplo pensar que levantar los brazos no significa tirar de los hombros e incluso del cuello hacia arriba, sino que el movimiento de los brazos se inicia en la espalda, y podemos levantarnos pensando en dirigir las escápulas hacia dentro. O cuando respiramos profundamente, no debemos olvidar que los pulmones no se llenan sólo hacia delante, sino también hacia los lados, y hacia atrás. En lugar de vivir con una pesada carga detrás nuestra, podemos pensar en integrar esas dos mitades en un cuerpo completo, que se mueve en el espacio en todas las direcciones. Propongo un pequeño ejercicio: siéntate en una postura cómoda, cierra los ojos y visualiza esa línea imaginaria. Con cada inhalación, piensa en la piel de la parte de adelante estirándose hacia arriba, desde el ombligo hasta la coronilla; y con cada exhalación, piensa en la piel de la parte de atrás descendiendo como una cascada desde la coronilla hasta el suelo. Continúa durante varias respiraciones, observando si de manera natural los hombros descienden y se relajan. Para terminar, haz una suave torsión hacia cada lado, mezclando e integrando esas dos partes de tí mismo. 
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